Una reina negra  
     
 
Edebé, Barcelona, 1998
Tucán (Serie verde) - Nº113
ISBN: 84-236-4755-2
Nº de páginas: 128
Formato: 12 x 17
1ª edición: Marzo 1998
 
     

Traducciones  
     
  Original en gallego: Unha raiña negra (Edebé, Barcelona, 1998)  
     

Sinopsis  
     
  ¿A ti te dan miedo las hormigas? ¿No? ¿Y asco? ¿Tampoco? ¡Qué guay! Creo que seremos muy buenos amigos. ¿Quieres? A mí las hormigas me gustan muchísimo. Soy capaz de estar horas mirando cómo se mueven y no me canso nada. En mi habitación había tantas, que parecían un río negro con agua negra que corría hasta meterse debajo de mi litera.  
     

Fragmento de la obra  
     
 
(...)

Hay hermanos que sólo se pueden tener dos meses. Víctor Trigo tiene uno de ésos. Se llama Aba. Es muy simpático.

Dijo Víctor Trigo que su hermano llegó descalzo y que llebaba una camiseta toda rota, como si se hubiera peleado con alguien, y cuando le sacaron el pantalón para ponerle otro, no llevaba calzoncillos. Estaba muy delgado por todo el cuerpo menos por la barriga, que la tenía hinchada, como si allí dentro llevara otro hermano o como si fuera una mamá canguro, que las hay. Su padre de España, que es su padre de España, lo llevó al médico y ahora engorda y crece todos los días. Aba nació en un país muy grande y habla el tarzanés. Por ejemplo "yo sallara" quiere decir "dame ese coche tan bonito, que tú tienes muchos y yo no tengo ninguno".

Al principio hacía cosas muy divertidas. Si oía el ruído de la cisterna del váter, iba corriendo y metía las manos en el retrete para que no se escapara el agua. Gritaba asustadísimo:

-¡Se escapa, se escapa!

Gritaba por todo como los bebés, y eso que tiene diez años.

Cuando lo llevaron a la fiesta y lanzaron los cohetes, se tiró rápidamente al suelo y se tapó la cabeza con los brazos.

-¡Miedo! ¡Miedo! ¡Matar!

A los coches que pasan por la carretera no les tenía miedo. Aunque los viera venir, no se apartaba. Había que ir a por él. Ahora ya los rehúye. Sabe que atropellan.

Yo he visto a Aba. Tiene el pelo muy rizado, muy oscuro. Está muy moreno, muy moreno. Parece una hormiga negra gigante con trozos blancos de pera en los ojos.

Un día los padres de Víctor Trigo y de Aba me invitaron a comer para que lo saludase. Cuando nos pusieron el plato en la mesa de la sala, Aba no quería comer, y eso que eran espaguetis con salsa de tomate y carne.

-Comed vosotros para que os vea -dijo la mamá.

A lo mejor, si no comíamos, no nos veía.

Empezamos a comer y Aba nos miraba. Abría mucho los ojos, que tienen en el medio lagunas negras de hormigas, y se reía. ¡Tiene muchísimos dientes! Entonces se puso a comer y se manchó todo. Sólo sabía comer arroz y harina.

Nosotros acabamos la comida antes que Aba y entonces él empezó a mirar nuestros platos vacíos y el suyo. De repente, nos echó un poco de su comida a cada uno y él se quedó con otro poco, y tuvimos que comerlo para que no se enfadase, y eso que estaba todo pringado. Si mirabas para el plato, te daba un poco de asco, pero si mirabas los ojos de Aba, ya se te pasaba.

Me ha dicho Víctor Trigo que Aba no puede comer chuletas de cerdo. Un día se las pusieron y no quiso comerlas. Sólo gritaba muy serio y enfadado:

-¡Jalufo no, jalufo no!

Cuando lo contó en clase, don Roberto nos dijo que para la cultura de Aba el cerdo es tan asqueroso que no se lo puede comer porque es pecado. Eso de "la cultura" debe ser los pensamientos de Aba.

En la India, que es un país que no está en mi mapa de la pared, no se comen las vacas. Son sagradas como Dios.

Yo, cuando haga la Primera Comunión, tendré que comerme a Dios, que se llama Cuerpo de Cristo, y no pasa nada porque sólo es un trocito. Si lo tubiera que comer entero, no me cabría en la boca.

(...)