¡Pásmate, Merche!  
     
 
Ediciones SM, Madrid, 1997
Gran Angular-Alerta Roja - Nº5
ISBN: 84-348-5249-7
Nº de páginas: 174
Formato: 13 x 21
5ª edición: 2005
 
     

Traducciones  
     
 

Original en gallego: ¡Asústate, Merche! (Edicións Xerais, Vigo, 1994)
Catalán: Ostres, tu, saps què? (Editorial Cruïlla, Barcelona, 1996)
Portugués: Nem te passa! (Contemporânea Editora, Matosinhos-Portugal, 1998)

 
     

Sinopsis  
     
  Áurea, hija de una mujer soltera, mira a los hombres con el recelo y la hostilidad que en ella ha ido sembrando su madre, resentida contra quien, tras dejarla embarazada, no quiso saber nada de ella. Pero, al final de primero de BUP, va a Polonia con un grupo de jóvenes y, durante el viaje en autocar, se enamora de Paio. Pese a sus prejuicios, acepta una relación que... está a punto de terminar trágicamente el día que Áurea lee una pasmosa noticia...  
     

Fragmento de la obra  
     
 

(...)

Domingo 29 de marzo

¡Hola Merche!

¿Que le pasa ahora a mi madre? Perdona que empiece así, de sopetón, pero es que no aguanto más, por eso te escribo hoy.

Te voy a contar lo que sucedió ayer después que te dejé. Pásmate, porque la cosa no es para menos. No he pegado ojo en toda la noche.

La ventana de mi habitación da a la misma fachada que la de la sala de estar nueva, aunque hace un poco de ángulo. Allí es donde mamá hizo pasar al sinvergüenza de Salvador. Yo no podía oír muy bien lo que decían, porque hablaban muy bajito, e intenté escuchar con un tubo que tenía allí, que me había sobrado de forrar los libros. Puse un extremo en la pared y otro en la oreja, pero no pescaba más que alguna palabra suelta. Y como estaba decidida a averiguar a qué se debían aquellas visitas, hice una cosa que ojalá nunca hubiese hecho. ¡Estoy que nuerdo! Como te he dicho, no oía nada y abrí mi ventana muy poco a poco; como la pared se tuerce un poco hacia adentro, puse un espejo y, ¡pásmate!, Salvador tenía cojidas las manos de mi madre y las besaba. ¡Las besaba, el muy cerdo! No eran suposiciones mías; es verdad. Mi madre se entiende con el cura. ¡Qué vergüenza!

Hoy me he pasado el día estudiando, bueno, haciendo como que estudiaba, porque no soy capaz de concentrarme, sólo lo he hecho para no tener que verla. Por la tarde, he salido. Es la primera vez que salgo sin Paio, pero es que no quería hablar con ella, que ya me había notado algo raro. Cuando me ha preguntado qué me pasaba, le he dicho que tenía dolor de cabeza.

Estoy sinceramente aturdida. De pequeña me enseñan a creer en un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos; luego, cuando me doy cuenta de lo que pasó con mi padre, de la situación en la que dejó a mi madre, dejo de creer en todo lo religioso. Después conozco a Paio y empiezo a tener nuevas dudas, y ahora esto. Me parece que a partir de ahora haré lo que realmente me apetezca en cada momento, que al fin y al cabo es lo que hacen los demás, ¡hasta los curas! Creo que empiezo a entender perfectamente a Frida. Ella es mucho más lista que yo. Sabe ver las cosas antes de que pasen, y yo, en cambio, nunca las tengo claras.

Prefiero no seguir escribiendo porque tengo miedo de poner barbaridades de las que depués llegue a arrepentirme. Hasta luego.

Áurea

(...)