¡No te cases, papá!  
     
 
Ediciones SM, Madrid, 1997
Gran Angular-Alerta Roja - Nº14
ISBN: 84-348-5635-2
Nº de páxinas: 128
Formato: 13 x 21
3ª edición: 2002
 
     

Traducciones  
     
  Original en gallego: ¡Prohibido casar, papá! (Ediciones SM, Madrid, 1997)
Valenciano: No et pots casar, pare! (Edicions Bromera, Valencia, 2003)
Portugués: Nao te cases, papá! (Ambar, Porto, 2000)
Brasileño: Nao se case, papai! (Ed. Paulinas, Sao Paulo, 2002)
 
     

Sinopsis  
     
  ¡No te cases, papá! tiene como protagonista a Elia, una joven de catorce años, huérfana de madre, que asiste al romance entre su padre y una mujer por la que ella no siente simpatía ninguna. Internada en un hospital a causa de una operación de apendicitis, Elia alterna la rememoración de los momentos más importantes de su vida con las visitas que recibe de sus familiares y también de Berta, la odiada novia de su padre.  
     

Entrevista a la autora (Diciembre 1996)  
     
 

Aunque ya se la hayan hecho muchas veces, parece inevitable la pregunta por el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil...

El hecho de tratarse de un prestigioso premio al que tú no te presentas, en el que "compites" con todos los autores y autoras españoles, hacía que lo viese como algo inaccesible; y no porque no crea en lo que hago (que siempre es mejorable, claro), sino porque también creo en lo que hacen los otros. Fue pues, una inmensa alegría recibida con sorpresa.

Este Premio por una banda supone un gran reconocimiento, una puerta que, soy consciente, debo procurar agarrar con maña para que no se golpee. Por otra, supone una espectativa más grande no sólo de lectores del libro (o de mis libros) sino también de "oyentes" que prestan más atención a mis opiniones. Y yo sigo impregnada de dudas, sin ser capaz de ofrecer dogmas a nadie.

En todo caso, debo seguir aprendiendo, no llegué a ninguna meta.

Usted reivindica siempre el valor autónomo de la literatura infantil y juvenil, así como la capacidad de los niños para una lectura exigente. ¿Piensa que se sigue a minusvalorar este tipo de literatura y ese segmento de lectores?

Si, es cierto. Aunque avanzamos mucho, me sigue pareciendo que la LIJ está infravalorada. Y a nivel del Estado no está mejor que en Galicia; basta con observar el despliegue de "marketing" que se les dedica a unos libros y a otros, a unos autores y a otros... Pero, vaya, ya se le dio el Premio de la Crítica Gallega a un libro considerado dentro de este... de este género (de alguna manera he de nombrarlo). Un niño, entiendo, busca en un libro lo mismo que un adulto "saborearlo con placer", como si se tratase de un sabroso plato de comida; y a lo mejor resulta todo tan sencillo, que nosotros sólo debemos procurar de no "indigestarlos" y, por llo demás, ser auténticos.

Pienso que si muchos "adultos" leyesen determinados libros "infantiles", quedarían sorprendidos de la profundidad con que están tratados ciertos temas, de lo que pueden disfrutar con ellos... Lo peor de esto es cuando son los propios autores los que opinan así y creen que para niños todo vale "con tal de que pasen cosas..." Los niños saben distinguir donde hay calidad aunque no sepan (y no estoy segura) expresarlo con las palabras exactas. Además... ¿somos tan sabios los adultos?

Una constante de sus novelas es la claridad con la que aborda los problemas de los jovenes. No parece usted muy amiga de edulcorar la realidad...

Es más, opino que todo lo que un niño se pregunta, sea el tema que sea, puede ser tratado de alguna manera (lo difícil está en acertar con la mejor manera), sin lastimarlos pero sin callar y, por supuesto, sin pretender dar soluciones, sino abrir caminos.

¡No te cases, papá! ¿Que nos puede contar de él?

Es un libro que surgió de un "pronto" que es como suelen surgir todos mis libros (incluso los fantásticos); de algo que puede parecer ínfimo y que a mí me llenó de vitalidad. Eso no significa que lo echase fuera de golpe, como fruto de una mala digestión, sino después de darle muchas vueltas en la cabeza. El propio título desvela en parte su argumento. A Elia, una adolescente, se le indigesta el romance de su padre, viudo, con una antigua conocida. No es pues un asunto de otras galaxias, pero procuré que no me importase, es decir, quise ser libremente Elia y sumergirme sin prejuícios en sus problemas, en su piel. Creo que es la mejor manera de evitar los "frenos" de las pautas establecidas cuando se escribe para niños y que restan verosimilitud a los hechos narrados. Procuré no fingir, ser una adolescente auténtica. Opino que no es preciso "infundir valores a la fuerza", en el fondo los propios valores de quien escribe se ven reflejados de alguna manera, incluso sin buscarlo.

¿Cómo ve el momento actual de la literatura infantil y juvenil en Galicia?

Ni siquiera hace falta valorarla por los premios conseguidos (hay autores y autoras no muy premiados que merecen un amplio reconocimiento). Creo que no tiene nada que envidiar a la que se hace en el resto de España (todas ellas son bastante "nuevecitas" por circunstancias históricas) y a juzgar por los reconocimientos de los últimos años (Lazarillos, Edebés, Nacionales...) el resto del Estado comienza a darse cuenta de que lo que se hace en Galicia merece la pena.

Quizás... quizás nosotros mismos deberíamos creer un poquito más en lo nuestro (escritores, lectores, críticos, medios, editoriales...)

Tenemos una nube negra (que ya no sé si es bueno ocultar o no) que consiste en que el éxito de la Literatura Gallega, en general, depende en una medida muy grande del rumbo que tome el proceso normalizador. ¡Nos queremos tan poco a nosotros mismos!

 
     

Fragmento de la obra  
     
 
(...)

Cogí mis ahorros. Diez mil trescientas. No tenía ni idea de si tendría suficiente. Decidí revolver en el cuarto de Roberto y completé el botín con lo que encontré. Confieso que yo nunca había salido así de mi casa. Tuve muchísimo miedo, pero la desesperación que me había producido ver a mi padre de aquella manera aún era más fuerte. No sé si quería huir por no soportar eso o por vengarme de mi padre.

No sabía si tenía que coger mucha ropa, ni qué tipo de ropa, ni qué otras cosas, ni dónde meterlas. Decidí utilizar la mochila del colegio. Siempre llamaría menos la atención si intentaban buscarme; aunque dudé de que mi padre me echase de menos. Estaba demasiado ocupado con esa estúpida de Berta.

Esperé a que salieran e inmediatamente detrás salí yo. Cogí el autobús y me fui hasta la ciudad. Una vez allí, me acerqué caminando hasta la estación y me metí en un tren. Era la primera vez en mi vida que viajaba sola. Sentía un miedo aterrador, pero la furia que me producía la imagen de esa fulana con mi padre, y de aquella manera, seguía siendo insoportable.

En el momento de sacar el billete en la estación, me puse muy nerviosa. Me parecía que cualquiera podría leer en mi cara mi pecado. Era una huida. Pero el hecho de que nadie me pusiera obstáculos para sentarme en un vagón de tren me había permitido tranquilizarme.

Conforme el tren avanzaba, como por arte de magia, yo iba dejando de lado el problema que me había empujado a tomar esa decisión de marcharme de casa. Tenía un nuevo problema: ¿de qué iba a vivir?, ¿dónde iba a dormir? Pensé: "A lo mejor me admiten de cocinera en un restaurante. Yo sé hacer guisos, sé asar carne, sé freír pescado, sé hacer tarta de chocolate..., pero.., ¿qué les digo para que me contraten? Que he huido de casa porque mi padre está liado con una tía. Que no tengo madre, y no mentiría, y que preciso un trabajo...".

¿Y si no lo conseguía? Inmediatamente pensé: "¡Telucha! ¿Cómo no se lo propuse a Telucha? Seguro que se hubiera venido conmigo. Ella también está harta de su madrastra; de la que se casó con su padre, que suyo no es nada, como bien dice ella. Si se hubiese venido conmigo no estaría tan nerviosa. No tendría tanto miedo". Desde entonces tengo siempre la sensación de que mi corazón late más fuerte de lo normal y que se me va a salir del pecho.

De repente, me encontré en Vigo sin saber adónde ir ni qué camino tomar, si buscar un sitio donde dormir o buscar donde trabajar. Cuanto más alegre veía a la gente que caminaba a mi alrededor, más me hundía yo. Reconozco que no soy valiente, por no haber seguido adelante con todo, pero lo que pasó después me hizo retroceder. Un chico, con apariencia normal, ni siquiera estaba sucio, ni llevaba chupa de cuero, ni nada sospechoso, se acercó a mí.

-¡Todo, tía! ¡Y enseguida, venga!

Sentí el filo de su navaja clavado en mi costado y le di cuanto tenía, ¡qué ya era! Unas veintisiete mil pesetas.

-Si abres el pico, ¡te rajo! Me cago en...

Me debió estudiar muy bien porque se marchó sin correr, sin apurar el paso siquiera, mientras yo seguía muda, petrificada en medio de la calle. No sé cuánto tiempo pasó. No puedo precisar si fueron segundos o minutos... Desde el momento en que grabé en mi cabeza aquella imagen de mi padre queriendo a otra mujer, lo que menos me importó fue saber la hora que era. Bastante tenía con mi problema, al que se iban añadiendo otros con los que no contaba. Me quedé sin nada de nada. Además aquel loco pudo haberme rajado. Y yo ya me veía pidiendo ayuda a gritos, sujetándome las tripas. ¿Qué hacer?

-¿Tienes algún problema, jovencita?

Una voz firme, grave, me sacó del aturdimiento.

-No, vaya..., sí. Perdí el dinero y no puedo coger el tren.

-Toma.

Aquel hombre, sin pedirme explicaciones, me dio quinientas pesetas y se marchó. Si Jesucristo viviese, lo imagino así. En menos de lo que canta un gallo di con un sinvergüenza y con un señor generoso que me ayudó sin preguntarme nada. Resulta difícil de entender que haya gente tan diferente una de otra.

Me acerqué a la estación estuve meditando un buen rato. Pensé en Xián, que me echaría de menos. Pensé en Roberto y, sobre todo, pensé en mi padre, en lo estupendo que era siempre conmigo. Imaginé cosas fatales que me podrían pasar... Es increíble que en unos minutos se pueda reflexionar tanto. Lo cierto fue que llamé a casa. Y menos mal que ya estaba mi padre. Con Roberto, durante el verano, no se puede contar.

-Papá, estamos en Vigo con una profe -mentí-. No he podido avisarte porque no había nadie en casa -calculé el tiempo-. Tardaremos dos horas en llegar. No te preocupes.

Le dije así porque, ciertamente, lo notaba intranquilo. Creo que aquel día se tragó lo que le conté.

A Roberto no tuve más remedio que confesárselo todo porque echó de menos su dinero, pero le hice prometer por mamá que jamás se lo contaría a nadie, y menos a papá.

(...)