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En agua templada (poca)
con una pizca de sal se deshace la levadura que se añade a la harina,
que debe formar un montón en un sitio firme, con un hueco en el medio
para echar los otros ingredientes.
Con una cuchara o con las propias manos se remueve hasta que vaya desapareciendo
el líquido. En el caso de quedar demasiado dura, se le añade
más agua templada. Ya con las manos, se sigue trabajando la masa.
Luego, convertida en un bollo, se espolvorea de harina, se le hace una
cruz con el canto de la mano (¿por qué no?, ya que nos ayuda
a conocer el momento ideal de fermentación) y se deja fermentar
tres cuartos de hora, tapada con un paño y cerca del calor, si
puede ser. Cuando desaparece la cruz o si al presionar con un dedo la
masa sube, se vuelve a amasar con un vasito de aceite y sin parar hasta
que no pegue.
© Mariano García - Fina
Casalderrey, 1995
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