El estanque de los patos pobres  
     
 
Premio Edebé de Literatura Infantil 1995
Edebé, Barcelona, 1996
Tucán (Serie azul) - Nº82
ISBN: 84-236-4098-1
Nº de páginas: 166
Formato: 12 x 17
13ª edición: 2007
 
     

Traducciones  
     
  Original en gallego: O estanque dos parrulos pobres (Edebé, Barcelona, 1996)
Catalán
: L'estany dels ànecs pobres (Edebé, Barcelona, 1996)
Euskera: Ahate pobreen urmaela (Edebé, Barcelona, 1998)
 
     

Sinopsis  
     
  Con su abuelo, Noema ha aprendido muchas cosas, y es que el abuelo es sabio. Y también es un campeón, y un pirata. Con él juega a morirse, que es muy fácil. Sólo hay que tumbarse, cerrar los ojos y apoyar una mano sobre la otra.
 
     

Fragmento de la obra  
     
 
(...)

Un día el abuelo estaba sentado en una butaca que puso mamá en el balcón y que se llama "butaca del abuelo". Hacía ya muchos días que no me iba a buscar al cole. Yo me acerqué a él por detrás muy despacito, muy despacito, y le di un sustazo, que eso es un susto muy grande.

-¡¡Uuuuuuuuuh!!

Pero ese día no me amenazó, que es decir mentiras muy divertidas como eso de "te voy a colgar de una viga" y cosas así. Yo sabía que estaba triste porque los labios le caían para abajo por los lados y yo se los puse para arriba con las manos, pero se le volvían a caer.

-¡Abuelo, no seas malo! ¡Ríete ya! ¡No quiero que estés así!

Y pasó una cosa muy rara, muy rara. El abuelo se meó en los pantalones y todo. Y eso que él sabe el truco de tirar la leche por el vertedero. Y tenía los ojos llenos de lágrimas. Y yo le pregunté:

-¿Estás emocionado, abuelito?

Y lo miré, pero él no decía nada. Y no sabía mi nombre. Y no hablaba bien. Levantaba la mano y habría la boca, pero no decía nada.

-¡Abuelo, háblame! -le grité, por si se había quedado sordo.

Pero no dijo nada. Mamá todavía no había llegado del banco. Trabaja en un banco que no es de los de sentarse. El banco de mamá es otro. En ese banco se guarda mucho mucho dinero. Y no es todo de mamá. Me lo dijo ella, aunque a lo mejor es una mentira para no comprarme una bicicleta nueva, porque algunas veces miente. Como don Manuel es su amigo, le perdona todas las mentiras. Lo sé porque mamá tiene la nariz pequeña. Es muy guapa.

Dominga ya se había ido a su casa y yo me asusté mucho. Y le cogí miedo al abuelo, porque no parecía el abuelo. Como tenía los ojos muy raros, un poco blancos, y no hablaba, pensé que se podía estar convirtiendo en un hombre lobo. Los hombres lobo no hablan y dan mucho miedo. Y me escapé a mi habitación. Y cerré la puerta. Y lloré mucho. Y llegó mamá y fui corriendo a decírselo:

-¡Mamá, mamá! El abuelo se ha meado en los pantalones, y no habla, y está triste y da miedo y...

Mamá soltó la cartera negra, que es negra como la mancha de pirata del diente del abuelo. Y fue corriendo al balcón.

-Papá, ¿que te pasa?

Mamá le llama "papá" porque el abuelo es su papá, que eso es lo normal. A veces tambien le llama "abuelo", pero no es su abuelo.

Al ver así al abuelo, mamá se puso como loca y le empezó a dar bofetadas en la cara. Y no paraba.

-¿Por qué la pegas? -grité llorando.

Pero mamá no me oía, y siguió así hasta que se fue a llamar por teléfono. Y apareción un coche guay que daba un poco de miedo. Todos los señores llebaban batas blancas. Era una ambulancia. Los coches de la policía son más bonitos porque tienen luces azules. A mamá también le dan miedo. Cuando va conduciendo y ve un coche de ésos, frena en seguida y dice:

-¡Ay, la poli! A cincuenta.

El abuelo y mi mamá se marcharon en la ambulancia y yo me quedé en casa de Pancho, que es un perro muy juguetón, muy juguetón. Al día siguiente, mamá y el abuelo volvieron a casa.

-¿Abuelo, ya puedes hablar? - le pregunté por si todavía no podía.

-Pues claro que puedo hablar, hormiguita.

El abuelo me llamó "hormiguita" y entonces yo supe que ya estaba bien. Mamá parecía un poco nerviosa y llamó a papá, que estaba en su trabajo muy lejos y le dijo:

-Dijeron que fue una trombosis. Se recuperó en seguida pero hay algo que no marcha bien en su corazón.

No sé lo que es una trombosis, pero debe ser algo bastante malo. A lo mejor es un pecado, o puede que sea un disgusto tan grande que no le quepa en el corazón, por eso mamá quiere que se le marche, para que le desaparezca. No sé.

(...)